Fuentes: PMC/NCBI, «Impact of nutrition on skin wound healing and aesthetic outcomes: a comprehensive narrative review» (2024) · Ann Clin Nutr Metab, «Role of nutrition in wound healing and nutritional recommendations for promotion of wound healing» (2023).
La piel se regenera con lo que el cuerpo recibe. Una persona desnutrida o deshidratada tiene mucho más riesgo de desarrollar una escara, y si ya tiene una herida, esta cicatriza más lento y con más complicaciones. La nutrición no es un cuidado secundario: es una de las cinco medidas clave de prevención, y también una parte central del tratamiento cuando la lesión ya apareció.

Por qué la nutrición afecta directamente a la piel
La piel es el órgano más grande del cuerpo y se renueva constantemente. Ese proceso requiere energía, proteínas y micronutrientes específicos. Cuando el organismo no recibe suficiente de alguno de ellos, prioriza mantener los órganos vitales y reduce los recursos disponibles para la piel, que se vuelve más delgada, menos elástica y más vulnerable a lesionarse ante la presión sostenida.
Proteína: el nutriente más determinante
La proteína es fundamental tanto para prevenir una escara como para cicatrizarla. Un déficit de proteína reduce la capacidad del cuerpo de reparar tejido y debilita la piel. En personas con una herida activa, las necesidades de proteína pueden ser hasta el doble de lo habitual. Fuentes accesibles incluyen huevo, pollo, pescado, lácteos, leguminosas y, cuando el apetito está reducido, suplementos nutricionales líquidos o en polvo indicados por un profesional.
Vitaminas y minerales clave
La vitamina C participa directamente en la formación de colágeno, la proteína que le da estructura a la piel nueva. El zinc interviene en la multiplicación celular necesaria para cerrar una herida. La vitamina A favorece la respuesta inflamatoria inicial que pone en marcha la cicatrización. Frutas cítricas, vegetales de hoja verde, frutos secos y carnes rojas magras son fuentes naturales de estos nutrientes.
Hidratación: la piel también se hidrata desde adentro
Una persona deshidratada tiene una piel más frágil y menos elástica, con mayor riesgo de romperse ante la fricción. Además, la hidratación adecuada ayuda a mantener el volumen sanguíneo necesario para que llegue suficiente oxígeno a los tejidos comprimidos. En adultos mayores, que suelen sentir menos sed, es importante ofrecer líquidos de forma regular en lugar de esperar a que la persona los pida.
Cuándo sospechar una desnutrición
Pérdida de peso no intencionada, poco apetito sostenido, o niveles bajos de albúmina en un examen de sangre son señales de alerta. En personas con bajo peso, movilidad reducida o una herida que no avanza como se espera, vale la pena que un profesional de nutrición evalúe si se necesita un plan alimentario reforzado o suplementos específicos.
Una alimentación adecuada no reemplaza los cambios posturales ni una superficie de apoyo apropiada, pero sin ella, ningún otro cuidado rinde todo su potencial. Las cinco medidas de prevención —reposicionamiento, cuidado de la piel, superficie de apoyo, nutrición y valoración del riesgo— funcionan como un conjunto, no de forma aislada.
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