No toda herida que tarda en sanar es una escara. Cuando una lesión no cicatriza dentro del plazo esperado —entre 4 y 6 semanas— se considera una herida crónica, y detrás de ella casi siempre hay una causa de fondo que hay que tratar, no solo la herida en sí. Las tres heridas crónicas más comunes son la úlcera por presión (escara), la úlcera venosa y la úlcera de pie diabético, y aunque las tres pueden verse como una herida abierta que no cierra, su origen, su ubicación típica y su tratamiento son distintos.

3 tipos de heridas crónicas: presión, venosa, pie diabético

Úlcera por presión (escara)

Aparece por presión sostenida sobre una misma zona del cuerpo, generalmente en personas con movilidad reducida que pasan mucho tiempo en cama o en silla de ruedas. Se localiza sobre las prominencias óseas —talones, sacro, caderas, codos—, es decir, los puntos donde el hueso está más cerca de la piel.

Úlcera venosa

Se origina por una insuficiencia en el retorno venoso: las válvulas de las venas de las piernas no funcionan bien, la sangre se acumula y la presión aumenta en los tejidos. Se desarrolla típicamente en la parte interna de la pierna, justo por encima del tobillo, y suele acompañarse de piernas hinchadas, cansadas o dolorosas, y de una decoloración de la piel entre rojiza y marrón. A diferencia de la escara, no depende de estar postrado: puede aparecer en personas que caminan con normalidad pero tienen mala circulación venosa.

Úlcera de pie diabético

Es consecuencia del daño en los nervios (neuropatía) que produce la diabetes mal controlada, lo que reduce la sensibilidad en los pies. Al no sentir dolor, roces o pequeñas heridas, la persona puede no darse cuenta de una lesión hasta que ya está avanzada. Aparece sobre todo en las zonas de mayor apoyo al caminar —la punta de los dedos, la planta o el talón— y con frecuencia queda cubierta u oculta por un callo, lo que dificulta ver qué tan profunda es realmente.

Por qué importa saber diferenciarlas

Aunque las tres son heridas crónicas y comparten algunos principios generales de cuidado —mantener la piel limpia, favorecer la circulación, aliviar la presión—, cada una necesita un abordaje distinto: una escara requiere ante todo alivio de presión y superficies especializadas, una úlcera venosa requiere terapia de compresión y elevación de piernas, y una úlcera de pie diabético requiere control estricto de la glucosa y descarga de peso sobre el pie. Confundirlas puede llevar a un tratamiento que no ataca la causa real, y por eso, ante cualquier herida que no cierra en unas semanas, lo más importante es buscar una valoración profesional que identifique con precisión de qué tipo de herida se trata.

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